Carta a la amistad.

Hace unos días, gracias a la magia de estas fechas, tuve la alegría de reencontrarme con una gran amiga. Hacía muchos años que no sabíamos nada la una de la otra pero permanecíamos en el corazón. El tiempo no había pasado. Lo primero que sentí al verla fue una gran alegría que llenó mi corazón y mi cara con una gran sonrisa. Dos niñas que se encuentran, dos adolescentes, dos universitarias, dos adultas, dos madres, dos Amigas.

La vida, el trabajo, la rutina, los horarios, la distancia, los compromisos, las obligaciones, las responsabilidades que nos hacemos nuestras, tantas cosas en el día a día, tantas cargas…muchas veces nos hacen olvidar aquello que es importante: El cultivo del amor, el compartir nuestros corazones con aquellos que amamos, abrirnos sin miedo porque nos sabemos no juzgados, sin recelo, sin tiempo, con tiempo, sin prisas.

El compartir eso que nos pasó, que nos inquieta, que no nos atrevemos a decir a nuestra familia o incluso a nuestra pareja porque suponemos que no nos van a comprender, o que le vamos a hacer daño o que simplemente no nos apetece decirlo. Eso, lo podemos hacer con nuestros amigos, sin esperar nada a cambio te ofrecen esa escucha limpia, sin prejuicios, sin verdades, sin decirte eso que debes hacer, sin superioridad, en una comunicación sincera, honesta y respetuosa, con sus bellos silencios, miradas de complicidad, risas, carcajadas, lágrimas, abrazos, confianza…Esa conexión de tú en mí y yo  en ti. Por eso y mucho más, estoy agradecida a los amigos que han aparecido en mi camino.

Gracias querida Marisa por tu infinita generosidad, no solo por el regalo, sino por el tiempo que nos dedicaste. Sé que tu apretada agenda no siempre te permite hacer ese hueco. Te llevo siempre en el corazón. Y te pido disculpas por las conversaciones a medias y las interrupciones. Pero sabes que las retomaremos con un café de por medio o en un banco de un parque, solo necesitamos estar.

Amigos, todos, empezando por aquellos que me acompañaron en el instituto, el aeropuerto, la universidad, mis estancias en el extranjero, mis otros trabajos, sin trabajo, mi nuevo camino como terapeuta y como madre, a todos un eterno gracias y gran abrazo desde el corazón.

Es difícil, por todo lo dicho anteriormente, llegar a un encuentro, pero sé que estáis ahí, os llevo muy dentro, y espero que, recíprocamente, sepáis que yo estoy para vosotros.

Os AMO.

Eugenia

Nota: la imagen está extraída de la web bienestar.salud180.com

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Copyright Eugenia Thomsen