Vivir el embarazo y el parto en el amor es posible

Hace unos días se ha celebrado el día del parto en casa.

Mi bebé nació en casa, como muchos bebés en la historia de la humanidad, y fue una experiencia maravillosa. Mi intención hoy no va de crear polémica de si parto en casa sí o no.

Me gustaría compartir algo que me fascina: el miedo al parto.

Desde muy jovencita he escuchado partos de todo tipo, partos y nacimientos, no olvidemos al otro gran protagonista. Sin olvidar las series, películas, etc.  en las que las parturientas gritan como si se les fuera la vida en ello.

Partos y nacimientos intervenidos sin necesidad, desde roturas de membranas, abandonos de la mujer y el bebé, roturas de bolsa, desprecios, ninguneos y un largo etcétera que toda mujer que lo ha vivido está deseosa de contar. ¿De dónde viene ese deseo? De la necesidad. De la necesidad de sacar y sanar un duelo, un duelo del parto maravilloso que había imaginado, unas expectativas que no se cumplieron, de que no sintió a su bebé salir por mil razones, de que fue maltratada de la manera que fuera…Impotencia, rabia, dolor, ira, enfado, tristeza, frustración que no se suele permitir vivir porque no es el momento… necesidad de contar… y eso que has vivido y cuentas, lo recibe otra mamá o mujer que quiere tener hijos a modo de “qué horroroso es el parto”.

Esta mujer se queda embarazada o ya lo está y no puede quitarse de la cabeza eso que otras tantas mujeres le han contado. La mente no para de enviarle pensamientos que fomentan el miedo. Miedo a una experiencia que tendría que ser una de las mejores de su vida. Si además, añadimos el miedo generalizado que tiene nuestra sociedad al dolor. Tenemos un pack completo para que todo eso que nos da tanto miedo acabe cumpliéndose.

El embarazo, si es deseado con la profundidad del Ser, si se vive en conexión con una misma y con el bebé, en seguridad y confianza, es el periodo en el que más se brilla en la vida en todos los sentidos. Pero, si vivimos en un miedo constante, pensando en el hipotético parto. En algo futuro que no sabemos cómo puede ser, porque no hay dos mujeres iguales, dos bebés iguales, ni dos partos iguales, estamos dejando de disfrutar un periodo de pura creación y amor. Nos estamos perdiendo una parte fundamental de la vida del ser que llevamos dentro.

Durante el embarazo es una fase de la vida ideal para aprender a hacerte responsable de tu vida. Vivimos como niños en cuerpos de adultos. Ahora es el momento de que seas adulta y cuides de tu bebé. Un bebé necesita a una madre segura, confiada y sensible. Un bebé necesita un ambiente seguro, sin miedos, en sosiego, paz, calma y arrullo. Una mamá necesita de un compañero confiado, seguro y sensible que la sostenga y la arrope en estos momentos tan importantes y únicos que serán la base del adulto en que se convierta ese bebé.

Lo que le haya ocurrido a otra persona, no tiene por qué pasarte a ti. Como lo viva otra persona, no tiene por qué ser tu vivencia. Todo depende de ti y tu madurez emocional. De saber qué es lo que quieres y lo que no, de hasta dónde estás dispuesta a dejarte llevar por los demás o eres tú la que toma la iniciativa, la que tomas las riendas de tu vida. Todo está en ti.

Confiemos en nosotras, en nuestro poder creador. Somos humanas, nuestro cuerpo está milimétricamente diseñado para dar cobijo a una vida, dejarla nacer y nutrirla. Hacerlo desde el amor es mucho más rico, más suave, más fácil, que desde el miedo y se puede hacer. Yo lo hice. Es cierto que para experimentarlo así hice previamente un trabajo personal muy intenso, a veces, doloroso pero enriquecedor. Es posible. Estás a tiempo…

Comments (2)

  • Baptiste PEIRO . 27 junio, 2018 . Responder

    Chicos, mi hijo nació en casa y mi mujer parió en casa.
    Fue la experiencia más bonita e intensa de mi vida.

    Mucho antes del embarazo, tenía en mente la siguiente pregunta dónde vuelta en mi cabeza:¿ porque el ser humano sería el único animal suficientemente tonto para no poder parir tranquilamente por su cuenta?

    Más pasaba el tiempo, más pasaban los años, tenía curiosidad por saber más y acercarme más una experiencia que la mitad de la humanidad nunca vivirá.

    Así que empecé mi investigación con un libro de Ina May Gaskin.
    Gracias a ello, entendí todavía mejor, el gran potencial de los seres humanos, de las mujeres, y de los bebés.

    Yo tenía claro desde el principio, que quería vivir plenamente esta experiencia, y que no quería ningún agente exterior interferir.
    Pero con el tiempo, las lecturas, y los encuentros, entendí todavía más profundamente está necesidad para el bien de la madre y de mi hijo.

    Le hemos regalado a mi hijo la decisión de nacer, de decidir cuando salir. Su primera decisión.
    Y con la colaboración de su madre, de cómo nacer.

    Fue intenso nerviosamente, y creo que mucho más largo para mí que para la madre.
    Pero estaba ahí, tanto como testigo que como actor de ese momento único, maravilloso y mágico. Solamente rodeados de gente de confianza y queridas.

    Gracias querida cuñada, por estar, y por recibir mi abrazo de agradecimiento (tanto a ti que al universo) y de liberación nerviosa (no tuve ningún miedo, estaba plenamente confiante pero aún así, porque a cada segundo lo único que podemos hacer como padre, es aceptar que “no podemos hacer nada” y que no depende de nosotros , y que solo podemos proteger y crear un entorno favorable).

    Gracias a Teresa (te tengo cariño y confianza, desde el primer encuentro). En mi corazón eres parte de mi familia, porque nos ayudaste tanto a que ayudemos a Gabriel a nacer.

    Gracias a mi pareja, compañera de viaje por esta vida: me diste el mejor regalo, tan grande que mis palabras no puedan reflejarlo.

    Gracias Gabriel.

    • (Autor) eugenia . 27 junio, 2018 . Responder

      Gracias por tu compartir!!!!

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