La Autoestima y cómo influimos en ella

Hay muchísima literatura sobre la autoestima del adulto, de hecho, damos por sentado que es algo que se pierde. Quién no sienta que ha perdido autoestima que levante la mano. Poca literatura existe sobre cómo no perderla y eso es lo más importante.

Aprendemos autoestima desde que somos concebidos. Sí, no es una falacia. Tal y como siente nuestra madre, así sentimos nosotros. Si nuestra madre está empoderada con una estima adecuada sobre sí misma, eso también sentiremos nosotros. Por el contrario, si ella no tiene una autoestima sana, también lo sentiremos. Esta conexión emocional con la madre dura como mínimo hasta los 2 ó 3 años de edad del bebé.

Todos venimos con una historia y con unos introyectos que hemos ido haciendo nuestros. ¿Qué son los introyectos? Son todas aquellas ideas, creencias, sentencias que hemos escuchado de niños y que hemos hecho nuestras. Por ejemplo; los niños no lloran, lavarse las manos antes de comer, las niñas tienen que portarse como señoritas, a los treinta y pico hay que tener casa, coche y familia, si no sacas buenas notas no vales nada, no vales para esto, sólo serás alguien en la vida si tienes una carrera, di adiós, da un beso, di gracias, di por favor, y un infinito etcétera. Algunos de ellos son necesarios para nuestra vida en sociedad pero muchos son minadores para la autoestima.

Ahora bien, cómo influye todo esto en la autoestima del niño, pues primero tenemos que mirarnos como padres, porque estos introyectos que tenemos de manera inconsciente lo usamos a diario y podemos trasladarlos a nuestros hijos, de tal manera que vivan las consecuencias de los mismos sin ser su historia. Tomando conciencia de cuáles sirven y cuáles no, podremos ser nosotros mismos y también educar a nuestros hijos desde nuestra propia autonomía.

En ocasiones repetimos lo que nuestros padres hicieron con nosotros por lealtad a ellos, si no repetimos sentimos que los traicionamos o que vamos a ser juzgados y menos queridos o aceptados. Es en este momento en el que debemos tomar conciencia y llegar a la comprensión que nuestros padres lo hicieron lo mejor que pudieron con los recursos que tenían y que nosotros somos libres de tomar las riendas de nuestra vida y esto les honrará y, a su vez, nosotros lo hacemos lo mejor que podemos con los recursos que tenemos.

Pero en ocasiones nos resulta difícil dar aquello que no tuvimos y puede que, simplemente, el saber de esa carencia nos duele y nos cuesta empatizar con nuestros hijos. Pero entonces, ¿Cómo podemos empatizar con nuestros hijos? Simplemente, poniéndonos en su lugar, comprendiendo qué es lo que necesitan en cada momento y ¿qué es lo que necesitan? Pues necesitan, básicamente, a unos padres conscientes y presentes, que les dediquen tiempo, apoyo, cariño y presencia. Estar con ellos, pero no con el móvil, la tele o cualquier otra distracción. Estar en el aquí y el ahora. Ser, porque ellos sólo saben de eso, de SER. Viven en el presente, no comprenden nuestra pasión por el futuro, viven en el corto plazo y de ello debemos aprender nosotros.

Pensando en que debemos prepararlos para el futuro puede que estemos forzando situaciones que son innecesarias. Desde que quieren empezar a trasladarse, saben lo que es la frustración pero no lo viven como algo negativo, al contrario, es algo normal, la frustración hace que el instinto de superación aflore. ¿Cuántas veces se cae un niño cuando aprende a caminar y se levanta felizmente? Es el adulto con la mente de adulto que identifica esa frustración con algo no deseable. Y entonces desde nuestro yo inconsciente podemos intervenir en esa situación de diferentes maneras o bien facilitándole el camino para que no “sufra” o bien recriminándole con un “ya lo sabía yo” “ya te lo había dicho” “te vas a caer” “te vas a hacer daños” “déjame a mí”, etc. ¿Y qué ocurre aquí? Pues que le quitamos a nuestro hijo la oportunidad de experimentar, tanto para su crecimiento sobre lo que es capaz de hacer como para aprender sus propios límites. Le mostramos que no confiamos en él, en sus capacidades y comienzan a sentir inseguridad.

La inseguridad y falta de confianza van de la mano para que nuestros hijos no sientan autoestima.

Cierto es que hay normas y límites que todos debemos respetar, pero acompañémosles desde la consciencia para que lo puedan ir asimilando y comprendiendo.

Es fundamental para su estima que sus padres sean conscientes, que los apoyen, que le dejemos expresar sus emociones, porque no hay emociones buenas o malas, no los enjuiciemos, no los etiquetemos, porque ahí es donde comienzan nuestros límites hacia ellos y nuestra falta de confianza es su capacidad de crecimiento interior. Ellos traen la sabiduría y el amor de fábrica, no les cortemos las alas con nuestras propias creencias sobre nosotros mismos. Aprendamos de su inocencia y su libertad para dejarse fluir por eso que sienten.

Creemos que las emociones son buenas o malas, pero simplemente son. ¿Por qué si estamos alegres lo expresamos y si sentimos rabia no? Los niños no tienen ese filtro, si sienten rabia o frustración, simplemente lo expresan y se dejan llevar, lloran. Dejémosles que lo hagan, que fluyan y aprendan a que expresar sus emociones es legítimo. Es su proceso, no, el nuestro.

Otra cosa es preguntarse ¿por qué me molesta que mi hijo llore, se frustre o se enfade? ¿Puede que porque me vayan a juzgar por permitírselo? ¿Puede que porque yo no me lo permito y creo que no está bien? Y ¿cómo actúo yo antes una situación que me frustra?¿Me dejo llevar, me enfado, me rindo…?

Nuestros hijos necesitan sentirse acompañados, acogidos, sostenidos, amados, aceptados y seguros con nosotros para que su estima crezca y sea potente. Pero si, por el contrario, se sienten criticados o juzgados, le haremos dudar de eso que sienten y en la duda sobre sí mismos entra la no estima.

Acompañemos a nuestros hijos en el fluir de sus emociones, hagámosles saber que estamos ahí desde el amor y la comprensión. Seamos su ejemplo y aprendamos a fluir con nuestras emociones, pues ellos aprenden más del sentir que del decir.

Comments (2)

  • Itziar . 22 febrero, 2017 . Responder

    Me ha encantado …gracias!🙏

    • (Autor) eugenia . 23 febrero, 2017 . Responder

      Me alegro!

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